Joseph Huttner
6 December 2005
Señora Michelotti

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El hablador

En “El hablador” por Mario Vargas Llosa, hay muchas influencias occidentales que causan problemas para la tribu machiguenga. Mascarita es un judío extranjero que quiere proteger esta cultura indígena contra la destrucción y corrupción, combatiendo contra los ideales occidentales. En la novela, Mascarita protege a la tribu del Instituto Lingüístico de Verano y el capitalismo siendo un hablador, un miembro importante de la tribu que cuenta historias. Él anhela un día en que la tribu machiguenga pueda existir en paz con la cultura occidental, sin miedo de ser perseguida. Desafortunadamente, con respeto a la cultura, la religión y el sistema económico, los occidentales y los machiguengas son opuestos y no es probable que los dos puedan coexistir en paz.


Al principio de la novela, pensamos que el Instituto Lingüístico de Verano trabaja para una causa buena en Lima. El narrador dice que el Instituto es responsable de “estudiar las lenguas y dialectos de la Amazonía, establecer vocabularios y gramáticas de las distintas tribus – servía al país” (70). Cuando Mascarita expresa su odio contra el Instituto, parece injusto y sin evidencia. Mascarita y otros enemigos del Instituto insisten que “es un brazo del imperialismo norteamericano, que, bajo la coartada de la investigación científica, realiza trabajos de inteligencia y una labor de penetración cultural neocolonialista entre los indígenas amazónicos” (70). Pero estas acusaciones no son justificadas y Mascarita es presentado como un libertador que trabaja contra las acciones altruistas del Instituto.


Además de documentar la cultura amazónica, el Instituto tiene un objetivo más importante y destructivo; “la difusión de la Biblia” (84). “La intención que los inducía a estudiar la Biblia a aquellas lenguas a fin de que esos pueblos pudieran escuchar la palabra de Dios a los compases y en las inflexiones de su propia música” (85). Parece que los machiguengas serían abiertos a una religión occidental porque es más avanzada y moderna. Pero el Dios cristiano es muy diferente que el Dios machiguengas, y esto causa problemas entre los dos grupos. “Para ellos [los machiguengas], Dios es el aire, el agua, la comida, une necesidad vital, algo sin lo cual no sería posible la vida” (99). Un Dios abstracto (como es Dios de la cristiandad) no tiene importancia en sus vidas y “no les sirve para nada en su vida diaria” (99). Si el Instituto aceptara la religión de los machiguengas, los dos grupos estarían mejores. El Instituto no haría trabajo improductivo y los machiguengas vivirían en paz.


La ignorancia del Instituto y su creencia de que la cristiandad es apropiada para cada grupo de personas prohíbe la coexistencia del Instituto y los machiguengas. Los judíos son un ejemplo de un grupo con “tantas historias de persecución y de diáspora” que se han integrado entre culturas en todo el mundo. ¿Si los machiguengas fueran como los judíos, serían asimilados muy rápidamente? Pero esto no es posible porque los machiguengas están conectados con la tierra, y cada elemento de su vida (la comida, las casas, las armas) está hecho con cosas de la tierra y con un Dios real- un elemento que falta el Dios de la cristiandad.


Aparte de mantener su propia religión, los machiguengas quieren permanecer aislados. El problema es que el resto de Perú está avanzando. Los peruanos modernos necesitan usar la tierra y otros recursos naturales que se encuentren en la tierra de los machiguengas para desarrollarse. El narrador hace la pregunta, “¿Deberían dieciséis millones de peruanos renunciar a los recursos naturales de tres cuartas partes de su territorio para que los sesenta u ochenta mil indígenas amazónicos siguieran flechándose tranquilamente entre ellos, reduciendo cabezas y adorando a la boa constrictor…o ignorar las posibilidades agrícolas, ganaderas y comerciales de la religión?” (23). Es obvio que no, “el país tenía que desarrollarse” (24). Este es el primer obstáculo para los machiguengas en mantener su tipo de vida: la cultura occidental está creciendo y usando tierra y recursos naturales para sus vidas modernas. La tierra de los machiguengas contiene estas cosas y los peruanos modernos van a explotarlas con fuerza. Sin su tierra y hábitat, la tribu machiguenga va a desaparecer lentamente hasta que todos sus recursos naturales estén agotados.


Aparte de elementos culturales, el sistema económico de los machiguengas es completamente diferente que el sistema del resto del país. Durante esta época, Perú siente la presión de establecer una economía occidental que hace productos modernos. Los peruanos modernos van a la Amazonia para obtener caucho por un costo barato de los machiguengas. Al principio de la interacción, todo está bien, pero cuando los machiguengas descubren el valor del dinero, el resultado es trágico. Se dan cuenta de que pueden ir a las ciudades y vender el caucho por mucho más dinero que reciben de los peruanos modernos. Como resultado, los peruanos modernos se enfadan con los machiguengas y son violentos contra los machiguengas. No hay progreso y los dos grupos pelean. Pero esto es inevitable; el capitalismo requiere competencia y si hay recursos naturales en la tierra de los machiguengas, los peruanos modernos quieren obtenerlos y usarlos.


El narrador sugiere que el socialismo es un sistema económico que podría resultar en una existencia pacífica entre los machiguengas y los mestizos. Esto es posible porque el socialismo sustituye “la obsesión del provecho económico – la ganancia individual – por la noción de servicio a la colectividad…permitiría aquella coexistencia entre el Perú moderno y el Perú primitivo que Mascarita creía imposible e indeseable” (76). El narrador es inspirado por “la ciencia de Marx y de Mariátegui” (76). Un discípulo de Marx, José Carlos Mariátegui fue un líder político que enfatizaba aspectos económicos del socialismo, pero mantenía la importancia de la religión en el trato de los indios. Su opinión reevaluaba la cultura peruana (Encyclopedia Brittanica, 1). Tristemente, el narrador eventualmente dice que el socialismo es un concepto “tan irreal y romántico como Mascarita con su utopía arcaica y antihistórica” (77). Además, la influencia occidental en Perú es insuperable. El crecimiento de la economía del mundo, y la difusión del capitalismo ejercen una presión que Perú no puede resistir; el país tiene que adaptarse, y la intrusión entre la cultura y la tierra de los machiguengas para obtener poder económico es inevitable.


A los peruanos modernos les faltan opciones – tienen que avanzar y desarrollar su economía. La cultura circular y la religión machiguenga confían en ideales viejos que son contrarios del resto de Perú. Los recursos naturales en la tierra (dónde los machiguengas viven) son la base hacía la transición de la economía y poder en el comercio mundial. Los machiguengas serán vencidos, y sus comunidades van a dejar de existir - una cosa que Mascarita probablemente desentrañaba. ¿Pero si Mascarita sabe que los machiguengas no pueden resistir los peruanos modernos, porque hace tanto trabajo para luchar para su cultura y sus creencias? Para Mascarita, su excursión a la Amazonía y la aventura, “el regreso a lo elemental, a las fuentes” es un medio para Mascarita a retornar a la naturaleza y la agricultura. Los judíos, como los machiguengas, comenzaban su existencia en las fincas, cultivando todo lo que necesitaban para vivir. Eventualmente, fueron perseguidos. Los judíos se adaptaban a la cultura moderna, pero perdían partes importantes de su cultura en el proceso. Mascarita quiere prohibirlo para los machiguengas. Él piensa que la cultura original no debe ser olvidada y va a trabajar para esta causa.


Fuentes:
“Mariátegui, José Carlos.” Encyclopædia Britannica. 2005. Encyclopædia Britannica Online. 1 Dec. 2005 <http://search.eb.com/eb/article-9050903>.



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